Entre 1969 y 1972, las muestras de roca y polvo selenita cosechadas por las misiones tripuladas Apolo, sirvieron para que los astrofísicos lograran un consenso sobre el origen de nuestro satélite. La teoría del “impacto gigante” indica que unos 4.500 millones de años atrás, Tea, un protoplaneta ardiente, chocó contra la Tierra. La colisión fue tan devastadora que pulverizó tanto el cuerpo cósmico de unos 5 mil kilómetros, como la mayor parte de nuestro mundo. De aquel cruce de elementos nació la Luna. Tras exhaustivos análisis químicos, que acaban de ser publicados en la revista Nature, un grupo de la Universidad de Harvard, halló evidencias que contradicen los cálculos anteriores.

La vieja hipótesis apuntaba que la Luna poseía entre el 60 y el 80% de rastros de materiales pertenecientes a Tea, el cuerpo que impactó contra la Tierra, algo que ahora se confirma que no fue cierto. Este modelo comenzó a ser cuestionado en 2001, cuando se descubrió que muchas rocas terrestres y lunares tenían elementos idénticos. Ahora se corroboró que la Luna está hecha con el manto terrestre.

Kun Wang y Stein Jacobsen, autores del artículo, examinaron siete muestras de rocas lunares de la misión Apolo y cotejaron los resultados con los análisis de ocho rocas terrestres que se formaron en el manto terrestre, capa de nuestro planeta ubicada entre la corteza y el núcleo, que supone el 87% del volumen del planeta.

Los nuevos exámenes revelan que la Tierra y la Luna tienen una composición idéntica, y en consecuencia ésta última habría nacido de la concentración de polvo de la Tierra, producto del impacto de un asteroide que pulverizó y vaporizó parte de nuestro planeta. “Nuestros resultados proporcionan la primera prueba concreta de que el impacto hizo literalmente vaporizar gran parte de la Tierra”, sostuvo Wang.

El hallazgo responde a una técnica para analizar los isótopos de potasio en muestras de rocas lunares y terrestres con una precisión 10 veces superior a cualquier método disponibles hasta el momento. Los cuerpos planetarios que se forman en distintos partes del Sistema Solar generalmente tienen composiciones isotópicas distintas, por lo que esta firma isotópica es como la huella que permite determinar de dónde procede un cuerpo celeste.

Por lo tanto, si la Luna nació a partir de los restos del Tea y del manto de la Tierra, la proporción de isótopos de potasio no puede haber cambiado. Sin embargo, Kun Wan y Stein Jacobsen determinaron que las rocas lunares tienen un 0,04% más de potasio-41 que las muestras terrestres. Esta diferencia puede deberse al hecho de que el satélite nació como resultado de la evaporación de una parte importante de la superficie terrestre en el espacio como consecuencia del choque con el Tea.